sábado, 12 de marzo de 2016

Tenía mucho miedo de excavar demasiado, no, mas bien, tenía ganas de excavar aunque sea un poco. Lo que hay en el fondo es la Zeltzin que ha sido destrozada por este extraño mundo, en la superficie, sobre una armadura quedo un rostro que debe ser maquillado todos los días y sonreír irremediablemente a cualquiera, esperando que llegue alguien que le haga bien a este cuerpo. Apenas estoy permitiendo que la verdadera Zeltzin salga a tomar el sol y ya estoy sintiendo encima la carga de ser autentica, pesa demasiado ser uno mismo, la gente jamás lo verá bien. Pero es un riesgo que estoy dispuesta a tomar, con todo el dolor que ya he sentido, sé que puedo con más. 

Es de verdad muy triste, de pronto decidir voltear hacia atrás, si la Zeltzin de hace 10 años me viera hoy.... Seguro me escupiría en el rostro, no sé exactamente porque hago todo esto, porque me dejo llevar por este absurdo jugueteo juvenil, supongo que es el miedo de llegar a la adultez. Dicen que los escritores son personas desesperadas, que cuando encuentran una esperanza dejan de escribir, lo cierto es que yo no tengo esperanzas ni fuerza para escribir, porque la que escribe es esa voz cruel en mi cabeza, esa que puede esperar una eternidad a decir: te lo dije. 

Supongo que todos estos males son necesarios para seguir disfrutando los pequeños instantes de placer, escribire con gusto si alguien revuelve mi estomado o logra dilatar mi pupila, si una sonrisa basta, con eso será suficiente para escribir hermosas prosas románticas, con todo lo que me asquea en estos momentos ese sentir, soy sincera, y sé que caeré una vez más, no hay problema, me gusta la adrenalina, es semejante a la ruleta rusa.

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