Hay una contradicción monumental entre la conciencia y el placer, y bueno, últimamente, hundida en el malestar de la depresión, he descubierto una gran pasión por excitantes placeres que me inundan por un par de días, pero que después dejan un inmenso vacío. Con el tiempo he aprendido a manipular esa manía mía por llorar, y me recuesto sobre mi brazo para mirar al vacío pensando; "todas estas estupideces son necesarias para mi crecimiento".
Lo cierto es que daría lo que fuera por volver a llenar ese vacío que se queda, porque de verdad duele, duele a montones, no tener con quién discutir estupideces. Duele querer salir a comprar unas cervezas, y tener que tomarlas en casa, porque no hay quien te acompañe. Duele entregarte a alguien, y ver que este alguien ni siquiera se esfuerza en fingir ser lindo. Duele sentirte sola, cuando estas durmiendo con alguien.
Me encanta la idea de parecer fría y calculadora, pero lo cierto es que soy una simple chica, soy frágil y estoy llena de complejos, estoy llena de sufrimientos, de gritos, de lamentos que anhelo reclamar, deseo decirlo todo de golpe, pero soy tan débil, que prefiero fingir ser fuerte, y callar.