Me niego rotundamente a permitir (una vez más) que mi felicidad dependa de otra persona. Me niego a permitir que aquel idiota incomprensible me arruine el día con su indiferencia. No dejaré que el ceño fruncido del señor de la tienda me haga enojar. Los gritos nocturnos de estúpidos al pasar a mi lado me van a dar igual.
A partir de este momento me declaró una nación soberana e independiente, con ciertas alianzas y algunos enemigos, pero totalmente independiente, capaz de mantener su modo de vida igual pese a lo que suceda, mi estado de animo va a depender de mi, y solo de mi. Si un día decido empezar a llorar va a ser porque así lo quise y no porque tuve una discusión con el idiota que me busca cuando quiere, no es ninguna afirmación, pero es un compromiso. El cambio es porque sinceramente estoy muy contenta conmigo misma, me siento muy orgullosa de mis logros, estoy en un verdaderamente hermoso momento de plenitud y no, no tengo ninguna necesidad de drama.